viernes, 30 de junio de 2017

29 de junio

Miro a donde está tu sonrisa y veo todas las cosas que amo pero también todas las cosas que odio.
No estar a la par tuya es una de ellas. Sin embargo, la locura que me ocasiona no estarlo hizo que
te siguiera odiando y en vez de sonreír, entendiera un poco más sobre la vida.

Distantes están esos momentos donde me burlaba de los que creían estar felices pero no lo estaban, dichosos ellos, porque aunque no estén felices y crean estarlo, sonríen de felicidad cuando yo ya no recuerdo que es eso.

No estar a la par tuya me ofreció una versión cruda y dura de la vida, una versión que se fue apegando a mí y me acostumbró a estas nuevas jornadas, donde noche tras noche me pregunto si podré volver a verte y sonreír porque todo estará bien o si volveré a verte y odiarte porque no estás a la par mía.

Y mientras las jornadas han fosilizado mi corazón y han enterrado mis sentimientos, tus ojos fugaces aparecen en un momento del día y como un meteorito destruyen la muralla que construí para no volver a verte y odiarte, porque prefiero estar noche tras noche preguntando como sería tenerte de frente y volver a ser nosotros o talvez que en esta ocasión sean tus ojos los que me miren y me odien por no estar a mi lado.